Radiación ultravioleta: lo que hay que saber

Por Enzo Campetella

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Aunque la explicación física es compleja, y no es el objetivo de esta nota, en principio debemos indicar que el Sol (como toda estrella) debido a sus procesos nucleares internos, emite enormes cantidades de radiación al espacio, parte de la cual intercepta a la Tierra. Una porción menor de ese espectro de energía es la que puede percibir el ojo humano. De allí que a esa parte del espectro lo llamemos “espectro visible”. Cuando la luz blanca traspasa zonas de lluvia y en función de la ubicación del observador, vemos formarse un arco iris, que no es ni más ni menos que la luz dividida en sus componentes que percibimos como esos siete colores.

En realidad, la radiación se mide por la longitud de onda que tiene. Por debajo del espectro visible, con longitudes de onda más larga tenemos el espectro infrarrojo. Lo podemos asociar al calor sensible que emite la Tierra, y es la longitud de onda que calienta al aire. Más allá estarían, por ejemplo, las ondas de radio.

Pero lo que nos interesa, es la radiación más energética, con ondas más cortas, que por ello se ubica más allá del violeta, que es el último color que forma parte del espectro visible. A esa radiación llamamos radiación ultravioleta. De hecho hay radiaciones con mayor energía como los rayos X o los rayos gamma, pero son filtrados por la alta atmósfera.

Gran parte de la radiación ultravioleta es filtrada por la atmósfera, especialmente en las capas con mayor concentración de ozono, una sustancia compuesta por tres átomos de oxígeno. Su mayor concentración se observa entre los 10 y los 40 kilómetros de altura. Bajo ciertas condiciones, especialmente durante las tormentas, importantes concentraciones son impulsadas cerca del suelo, dando un olor especial al aire, que por error la mayoría de las personas lo asocia con el olor a “tierra mojada”.

A su vez la radiación ultravioleta se divide en tres tipos por el tipo de longitud de onda:
UV-A
UV-B
UV-C >>

La radiación UV-A es la que resulta menos nociva, llegando gran parte a la superficie terrestre porque es poco filtrada por la atmósfera. La radiación UV-B resulta nociva, y la capa de Ozono filtra gran parte de esa radiación. Cuando se alerta sobre los peligros de deterioro en la capa de Ozono generada por los procesos industriales y algunos gases emitidos por la vida moderna, justamente es porque aumenta la amenaza de la radiación ultravioleta de tipo B.

La radiación del tipo UV-C es la más nociva de todas, pero es filtrada por la atmósfera y no llega a la superficie. Queda claro en este punto de la importancia para la vida de preservar nuestra atmósfera como un todo que nos permite estar vivos.

La radiación de tipo B puede provocar cáncer en la piel por sus efectos sobre las células, acelerar el proceso de envejecimiento de la piel, lesiones en los ojos y sobre el sistema inmunológico. Un aumento en su proporción retrasaría el crecimiento de las plantas, llevando a la pérdida de especies. También da lugar a tipos de cáncer en nuestras mascotas.

Debe tenerse en cuenta que cuanto más cerca del Ecuador estemos, la cantidad de energía por unidad de superficie es mayor, porque el ángulo de incidencia de los rayos solares es menor. Por ello, la cantidad de radiación que se recibe también es mayor, y los tiempos de exposición deberían ser menores.

En verano, la radiación que se recibe es mayor, por lo que los cuidados se deben extremar. Lo mismo, y en especial durante el verano, la radiación es mayor sobre el mediodía. En este punto, debe tenerse en cuenta que nos referimos al mediodía real del Sol para el lugar en el que estamos, no al de uso civil en nuestros relojes. En el norte patagónico, el mediodía solar es alrededor de las 13 horas sobre el extremo este, y las 14 hacia la cordillera. Sobre ese horario debería tomarse un margen previo y posterior de 2 horas para exponerse al Sol en verano.

Debe tenerse en cuenta que cuanto más alto estemos, mayor será la radiación que recibamos, por lo que la protección debe intensificarse si vamos a escalar una montaña. En un día con nubosidad no muy espesa, la radiación que recibimos es casi la misma que en un día despejado. También es un error pensar que en los días más calurosos recibimos más radiación, y por ello si hace frío en verano, esos días el Sol “quema menos”. No, el efecto es el mismo porque estamos refiriéndonos a algo independiente del calor que siente nuestro cuerpo. Si es cierto que la lluvia reduce la radiación UV que recibimos.

La nieve rebota el 95 % de la radiación que recibe, contra el 5 % del agua que absorbe casi todo. Por ello deben maximizarse los cuidados en zonas con cubierta de nieve ya que por reflexión recibiríamos mucho más radiación peligrosa.

En fin, es importante elegir el protector o pantalla solar correspondiente al grado de sensibilidad de nuestra piel, y tomar en cuenta esta información, porque el efecto de la radiación dañina lo podríamos padecer no hoy, sino más adelante en nuestras vidas.

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